Varios amigos me hicieron saber en su momento las 4 críticas de un tal Rallo al apéndice de un libro mío sobre las teorías del valor. No merece la pena contestarle en serio, pero al menos daré la respuesta que adjunto, que me ha divertido un poco. Si alguien desea leer algo menos jocoso, le puedo hacer llegar un libro (no demasiado gordo) reciente que escribí sobre el tema. En Verdana 9 transcribo textos entrecomillados suyos. Y mis comentarios (47) van en Times New Roman 12.
Saludos,
DG
Dice Rallo...
1) “Lo cierto es que, realmente, la utilidad no se deriva del consumo, sino la consecución de los fines del actor”
¿El que tiene un euro sólo puede tener fines por valor de un euro?
2) “Las ‘acciones’ de estas personas [se refiere a las austeras] no les son útiles en absoluto (pues no se dirigen a consumir, sino a alcanzar fines distintos del consumo) y la pregunta pertinente será, pues, ¿por qué actúan?
Aquí confunde consumo con compra, como es habitual en los utilitaristas. Un austero puede disfrutar consumiendo su música, sus libros o su televisión. Pero los consume en casa, no en el mercado. Para recibir utilidad no hace falta comprar compulsivamente.
3) “Es un "hecho" objetivo que el valor es subjetivo”
La valoración que hace el sujeto es subjetiva, of course, pero el precio es objetivo, y es ese precio objetivo el que interesa a la teoría del valor mercantil.
4) “El problema es que el valor NO es mensurable”
Ése es el problema de la teoría utilitarista. El valor objetivo sí se puede medir y de hecho se mide.
5) “Partiendo del error de la necesidad de medición, Guerrero continúa…”
¿Pero qué coño de teoría del valor es una teoría que considera un error medir los valores? ¿Se imaginan una teoría del mundo físico que no quiera medir las cosas que analiza? Pues bien, el mundo social es un subconjunto del mundo físico.
6) “El valor se otorga en función del valor "esperado", es siempre "ex ante"; no se experimenta nada, sino que se espera experimentar”
Eso será el valor imaginario de los utilitaristas o la valoración subjetiva. Pero el valor o precio objetivo no se otorga por nadie: se determina objetivamente por las relaciones sociales que se expresan en el trabajo fragmentado de las diferentes empresas capitalistas. ¿Qué tendrá que ver que Fulano aprecie mucho o poco una pluma que le dejó su padre en herencia? El mercado la valora objetivamente de otra manera y por otras razones.
7) “Imaginemos un stock de cinco unidades… Cuando consuma una de ellas, el stock se reducirá en una unidad y, por tanto, el valor marginal aumentará”
Estos utilitaristas no sólo no saben qué es la producción sino tampoco el consumo. En la realidad se están consumiendo continuamente unidades de los stocks existentes de las diferentes mercancías, y sin embargo su valor no cambia… mientras no varíen las condiciones de producción (trabajo).
8) “el sujeto no necesita cuantificar su placer. Lo único que requiere es ser capaz de discriminar cuáles son los fines prioritarios para modular su acción en consecuencia. No necesita ni constancia ni un patrón de medición. Basta con que su acción sea, en todo momento, la mejor, la más adecuada”
Aparte de la jerarquía de necesidades, que nadie cuestiona y que no tiene nada que ver con cómo se forman los precios, podemos preguntarnos: “Vale, cada cual compra lo más adecuado en cada momento, o incluso no lo compra porque no tiene dinero, pero ¿se puede saber qué tiene eso que ver con los precios? Fulanito se compra un Mercedes porque es lo más adecuado para él, y yo me compro un 600 porque es lo más adecuado para mí? Aparte de que es una manera curiosa de hablar, ¿qué tiene eso que ver con los precios de ambos coches?”
9) “Aunque no pueda cuantificarlo, sé que me gusta más la carne que el pescado. ¿Cuánto más? Lo ignoro, pero ello no imposibilita mi conocimiento acerca de mis preferencias.”
Vale, voy a mirar el prospecto de una medicina reciente: incluye, entre otras cosas, “carboximetilalmidón de sodio” y “silicato alumínico magnésico”, dos mercancías que por supuesto tienen precio en el mercado (si no lo creéis, preguntádselo a GlaxoSmithKline). ¿Cuál prefiero? Yo lo ignoro, pero a lo mejor Rallo sí lo sabe. En cualquier caso, esta sabiduría nada tiene que ver con los precios. Y recuerden que hay como dos millones de mercancías presentes (sin contar con que otros utilitaristas insisten en que las mercancías son distintas para cualquier punto del tiempo, cualquier diferente contingencia, etc.)
10) “Yo doy cinco euros por un libro porque considero que el valor del libro es superior al de los cinco euros. No doy cinco euros porque considere que el valor del libro son "cinco euros"; en ese caso, ¿para qué efectuar el intercambio?”
No se entera. El problema no es ése. La cuestión es que, siendo lo que dice así para cualquier mercancía, ¿por qué vale más un coche que un zapato? ¿Qué determina esos valores diferentes? (Dejo de lado que la afirmación de que todo el mundo sale ganando con el intercambio es sólo una forma de ensalzar la economía capitalista sin ningún fundamento, ya que uno de los problemas del capitalismo es que impide a la gente intercambiar y adquirir cosas que necesita y que en otro sistema podría obtener; los parados por ejemplo no intercambian dinero por las cosas que no compran porque el mercado de trabajo los expulsó de su empresa).
11) “se adquirirán unidades mientras el valor del fin adicional conseguido a través de una nueva unidad sea mayor que el valor del fin marginal al que se renuncia”
Si me compro una barra de pan con el euro que tengo es que el aprecio o necesidad que tengo de ese pan es mayor que el de, por ejemplo, un periódico. Pero eso no explica por qué valen lo mismo en el mercado.
12) “Los empresarios que puedan pagar mayores rentas (por esperar percibir un mayor precio) y ACIERTEN, serán los que triunfarán en el mercado. Ésa es la competencia típica del proceso de mercado”
Al revés: triunfarán los que, ofreciendo la misma calidad, lo puedan hacer a un coste inferior. O bien los que, ofreciéndolo al mismo precio, dan un producto de mayor calidad. Porque el cliente se rige por la relación calidad/precio, pero esto, que es válido para todas las mercancías, no explica el diferente valor de cada una de ellas.
13) “Repetimos: sólo es necesario conocer la jerarquía de nuestros fines, algo que el actor conoce en cada instante perfectamente”
Insiste en lo del “carboximetilalmidón de sodio”… Pues vale.
14) “Como hemos explicado, el proceso de mercado opera de otra forma; pagan a los factores sus productividades marginales descontadas sobre las ventas de los productos a un precio anticipado”
¿Cuáles son las respectivas productividades marginales del “carboximetilalmidón de sodio” y el “silicato alumínico magnésico”. Sencillamente no “producen” por separado. Sólo producen juntos, en la mezcla específica de la medicina correspondiente a la que van a parar gracias al trabajo.
15) “Si yo elijo A a B es porque prefiero A a B, ¿y qué significa preferir? Que A me proporciona mayor utilidad que B”
…O que no tengo dinero para comprar B, o que no conozco la existencia de B, etc. En cualquier caso nada de esto explica por qué los precios son precisamente los que son.
16) “La curva de demanda es siempre decreciente, no por preferencias reveladas concretas, sino por la utilidad marginal decreciente”
Primero decía que no se puede medir cardinalmente la utilidad, ni era necesario hacerlo, y ahora va y mide nada menos que su derivada (eso es la utilidad marginal): ¿En qué quedamos?
17) “Lo único que realmente necesitamos saber para todo ello [es decir, para determinar la curva de demanda] es lo siguiente: a) el valor es la significación de un fin, b) la unidades iguales de un mismo medio permiten conseguir fines de una menor importancia (ordinalismo), c) por tanto, los medios adicionales, al estar afectos a fines menos importantes, tendrán un valor decreciente (utilidad marginal decreciente).”
Como el medio es el dinero, lo que dice Rallo es que un euro no vale lo mismo que otro euro. ¿No sabe que a los capitalistas y al mercado les da igual un euro que otro? No, no lo sabe.
18) “Sin utilidad marginal la demanda de agua y alimento serían infinitas”
¿Por qué? ¿Acaso Rallo, cuando sale a cenar se empazurra y atiborra permanentemente? ¿Acaso cena tres o mil veces al día? Las necesidades humanas son limitadas, lo que ocurre es que el capitalismo limita más las de unos humanos que las de otros.
19) “Guerrero confunde los términos. Su descripción no explica por qué la demanda tiene pendiente negativa, sino el denominado efecto renta. En pocas palabras, el efecto renta viene a decir que toda rebaja del precio de un bien ocasionará una expansión de la demanda con cargo al nuevo poder adquisitivo. Esto es, si el precio baja de 100 a 50, me ahorro 50 euros que ahora puedo gastar y antes no.
Sin embargo, el efecto renta presupone las curvas de demanda con pendiente negativa, no las explica.”
Nadie duda de lo que ya Marx llamaba la ley de la demanda (la forma decreciente de esa curva). Pero la teoría laboral del valor permite entender por qué el cambio técnico y la productividad creciente del trabajo rebajan con el tiempo la curva de “oferta a largo plazo” (es decir, el precio de producción marxiano) y por qué, sea cual sea la demanda, el precio baja como consecuencia. Pues bien: esos cambios en la oferta son la base real del efecto renta.
20) “Imaginemos un señor cuyo sueño vital es viajar a la luna, sin embargo no tiene suficiente dinero para ello aunque renuncie a todos los placeres de la vida actual. Sin embargo, imaginemos que se produce un descenso en el precio de todas las mercancías, de manera que, al final, renunciando a casi todos sus bienes, puede viajar a la luna. Ello no iría en contra de la ley de la demanda; el hecho de que bajara el precio de todo y disminuyera su cantidad demanda sería perfectamente lógico.”
Aquí confunde Rallo el desplazamiento a lo largo de la curva de demanda con el desplazamiento de la curva de demanda hacia la izquierda. Si fuera un estudiante mío, lo suspendería.
21) “Imaginemos que un señor compra un bien "a causa de su elevado precio". La ley de la demanda y la utilidad marginal no dejan de aplicarse por el hecho de que, al caer el precio, el señor deje de comprar ese bien; y es que la causa que fundamentaba su adquisición ha desaparecido. Aunque físicamente es el mismo bien, en la apreciación subjetiva del individuo no (no sirve al fin, por ejemplo, de fardar ante sus amigos de poder adquisitivo).”
Ídem. Ahora la curva se desplaza a la izquierda porque han variado los gustos. Da igual que lo consideremos como uno de los efectos Veblen o no.
22) “si los bienes Giffen refutaran la ley de la demanda, como hemos dicho, su demanda debería aumentar conforme su precio sube, lo cual es simplemente absurdo”
En efecto, absurdo “simplemente”, es decir sin necesidad de creerse el artificio de la utilidad marginal.
23) “sin utilidad marginal decreciente, la demanda de los bienes con una elevada utilidad sería infinita”
Negar la utilidad marginal decreciente como fundamento de la curva de demanda no significa ni implica afirmar una supuesta ley de la utilidad marginal creciente. Aquí da Rallo un salto lógico. Sencillamente, la derivada de la utilidad no se puede calcular. Saber que tres periódicos dan más utilidad que dos, y dos más que uno, no informa nada sobre la utilidad marginal. La utilidad, tanto objetiva como subjetiva, existe; pero la utilidad no se deriva matemáticamente como tampoco se derivan el amor, la amistad o la pereza.
24) “Al final, negar la utilidad marginal decreciente es equivalente a negar la existencia de fines en la acción humana. Si existen fines estos tendrán que ordenarse de mayor a menor importancia para el sujeto, habida cuenta de la escasez de medios y tiempo. Por tanto, si negamos esa jerarquía estamos señalando que todos los fines son igualmente relevantes (esto es, igualmente irrevelantes) y que la acción humana no es teleológica, sino aleatoria, reactiva o dirigida.”
Ya he explicado que la jerarquía de necesidades es un hecho. Pero no explica los precios. Primero, dicha jerarquía existía en sociedades en las que no había precios, y existe y existirá siempre. Pero para explicar los precios se necesita otra cosa. Si A prefiere la carne al pescado, y B al revés, ¿qué tiene que ver eso con la formación de los precios?
25) “Pero claro, si la revolución marginalista hubiera ocurrido un poco antes, el marxismo ni hubiera nacido”
El marginalismo es anterior al marxismo, y no debe confundirse con el utilitarismo. El gran Cournot era marginalista pero no utilitarista sino defensor de la teoría del valor de Ricardo. Lo que hacen Marx y sus buenos discípulos, como Rubin, es desarrollar ideas perfectamente compatibles con Cournot.
26) “En otras palabras, cuando yo adquiero una unidad adicional, el valor de todas las restantes unidades disminuye. ¿Por qué? Sencillamente porque las unidades son intercambiables y, por tanto, ya no hay última unidad, sino un stock de unidades que permiten satisfacer hasta determinado fin (fin marginal). Por ejemplo, si yo tengo cuatro sacos de cereales y el último lo dedico a alimentar a los cerdos, el valor de un saco de cereales es el de alimentar a los cerdos. Si adquiero un nuevo saco para darlo a los más necesitados, el valor de un saco -de cualquier saco- pasa a ser el de alimentar a los pobres. Todo ello aunque yo imprima en cada saco una etiqueta diciendo "Destinado al consumo humano", "Destinado a alimentar a los cerdos", etc... Y es que, si me roban el saco destinado a alimentar a mi familia, no por ello moriré de hambre, simplemente dejaré de ser caritativo con los pobres.”
Dejando aparte que queda clara la concepción social de Rallo al hacer explícito que para él vale más el cereal con que se alimenta a los cerdos que el que sirve para alimentar a los pobres –y que, por tanto, si a él le roban el saco no se morirá el de hambre él sino los pobres–, el principal punto de interés es que no sale de la misma idea de siempre. Este hombre es un hombre de una sola idea. Vale: el último saco se valora menos que el primero, así como el último litro de agua más que el primero, etc. Pero ¿qué determina lo que valen el agua y el saco en el mercado? No puede ser un simple principio tan general y banal como el que usa él.
27) “Lo importante es el valor que influye y determina la acción, no la satisfacción experimentada una vez se haya actuado”
¿Y cuál es el valor que influye y determina la acción? El precio, claro está. Luego es el precio, determinado por las cantidades de trabajo, lo que determina las utilidades subjetivas, y no a la inversa.
28) “Tenemos tres modalidades de formación de los precios en una economía libre. Negociación inter partes, el comprador fija el precio, el vendedor fija el precio. En la negociación inter partes, comprador y vendedor negocian un precio para el intercambio. Obviamente, este precio se situará entre el valor del fin inmediatamente anterior al que satisface el bien en cuestión para el comprador (de manera que si el precio se fija en una cantidad monetaria que sirva para conseguir fines de mayor valor obligaría al comprador a declinar la oferta) y el valor del fin inmediatamente superior al que satisface el bien en cuestión para el vendedor(de manera que si el precio se fija en una cantidad monetaria que sirva para conseguir fines de menor valor obligaría al vendedor a declinar su oferta).”
El valor relevante para el vendedor es el que le permite obtener la tasa media de ganancia sobre sus costos de producción (cantidades de trabajo). Los capitales reguladores lo establecen, digamos, al nivel de 17 euros (si fuera superior, la rentabilidad sería superior a la media, esto atraería a más capitales y el incremento resultante en la oferta haría bajar el precio de nuevo a 17). Los “valores” de los diferentes consumidores pueden ser los que sean, por ejemplo 17, 28, 345 o 1562. Lo único que sabemos es que son superiores a 17 y que el precio, según Rallo, se mueve entre esos límites. Pues no: al final el precio se fijará en 17, y por tanto es el trabajo el que determina el precio, y no las utilidades de los diferentes consumidores.
29) “Cuál será el precio final es imposible de determinar para la ciencia económica; es más, no le interesa. Estamos ante cuestiones puramente históricas, no teóricas. Basta con afirmar que la transacción tendrá lugar entre esos dos límites, o no será.”
No hay ciencia económica si no puede medir la realidad que constituye su objeto. Rallo pretende criticar la teoría laboral del valor, que es una teoría sobre cuáles son los precios de mercado, ¡con una teoría que afirma que no hace falta saber cuáles son los precios de mercado! ¡Bonita teoría del valor!
30) “Por último, el modo más frecuente de formación de precios en las economías capitalistas es el appreisement empresarial, esto es, el vendedor propone un precio y los consumidores demandan en función de ese precio. En estos casos, el precio de las transacciones que se realicen, como es lógico, no podrá superar la utilidad marginal del comprador. Si el vendedor fija un precio superior a ésta, no venderá los productos, se quedará con todos ellos. Por tanto, el correcto appreisment empresarial está estrechamente relacionado con fijar un precio inmediatamente por debajo de la utilidad marginal de los compradores a los que aspire.”
Está claro que se refiere al appraisement, que como todo el mudo sabe tiene el mismo origen etimológico que price, precio. Lo interesante es que reconoce que el modo normal es éste. Por tanto, él mismo reconoce que la empresa fija el precio a su coste en trabajo (incluida la ganancia proporcional al capital) y los compradores comprarán más o menos según sus gustos y renta (que Rallo llama utilidad, preferencias, etc.).
31) “En todo caso, podemos sacar una conclusión común para los tres tipos de formación de precios: la propiedad privada es previa al precio. Tanto el comprador como el vendedor tienen que ofrecer algo a cambio de otro algo. Sin propiedad privada, el comprador no puede renunciar a nada para adquirir una determinada cantidad de productos.”
Muy profundo todo esto. Qué iluminador.
32) "De ahí, que en ausencia de propiedad privada, no existan unidades marginales y, por tanto, ni precios, ni costes, ni necesidad de limitar la demanda. No es posible una asignación eficiente de los recursos ya que, como puso de manifiesto Mises, sin precios de mercado no es posible el cálculo económico.
Dos cosas. Primero: marginal significa adicional. Por lo visto, los hombres de Altamira, en donde no había precios de mercado, no sabían distinguir entre un bisonte y dos, o tres, etc. Y segundo: después de la lata que nos ha dado diciendo que no hace falta calcular y que la ciencia económica no puede calcular precios, ahora llega, agarra y dice que su maestro Mises ya demostró que hacen falta los precios para calcular. Desde luego Rallo no le serviría de mucha ayuda.
33) “Y es que, ¿qué son acaso los costes sino precios?”
Por supuesto, pero detrás de esos precios está la base de esos precios, y de eso estamos discutiendo, de si la base son los costes laborales objetivos o las pajas mentales de los consumidores.
34) “Es posible que muchos, la gran mayoría, de los empresarios fijen sus precios añadiendo un cierto interés a los costes”
Confunde interés y ganancia. Es típico de estos economistas porque creen que en el equilibrio a largo plazo la ganancia es 0.
35) “pero ello en ningún momento significa que los precios se fijen en función de los costes, ya que precisamente el empresario confía en pagar esos costes porque supone que las ventas de sus productos le permitirán pagar a los factores productivos y obtener un cierto interés. Si las apreciaciones son erróneas (es decir, si el precio que espera que los consumidores paguen para poder financiar la producción supera la gran mayoría de las utilidades marginales de los consumidores), entonces el empresario no podrá pagar los salarios, los intereses y las rentas. Quebrará a menos que reduzca el precio. Y si al reducir el precio puede dar salida a la producción pero no puede pagar a sus factores productivos tanto como prometió (esto es, más de lo que les pagarían en otros usos alternativos), la producción se paralizará.”
El capitalista fija los precios al precio medio que determinan las condiciones (técnicas y sociales) laborales existentes y la ganancia media. Si a ese precio no cubre costes, se debe a que otros capitalistas más eficientes sí los están cubriendo. Por tanto los primeros tenderán a desaparecer y los segundos irán absorbiendo una cuota creciente del mercado. Todo esto se rige por la ley del valor-trabajo.
Obsérvese además algo típico: poco a poco, en su exposición, estos economistas se van olvidando de los rollos mentales de las cabezas de los consumidores y terminan por fijarse en lo que importa: las condiciones objetivas de trabajo. No les queda otra.
36) “Por tanto, la utilidad marginal sigue gobernando el valor de los bienes y servicios. Si el empresario paga más a los factores productivos que su productividad marginal, la empresa quebrará. Si les paga menos, simplemente no podrá contratarlos (pues otro empresario los contratará pagándoles un poco más hasta su productividad marginal). Y la productividad marginal es una productividad en términos de valor, esto es, sobre los ingresos adicionales que proporcionan; el ingreso viene determinado por el precio; y la utilidad marginal domina el precio.”
La productividad marginal de cualquier factor aislado es cero. Si la empresa farmacéutica adquiere un kilo más de “carboximetilalmidón de sodio” del que se puede mezclar con el “silicato alumínico magnésico” para hacer una pastilla más, entonces esa unidad adicional de “carboximetilalmidón de sodio” no produce nada.
37) “Es curioso como los marxistas pretenden endosarnos que los empresarios determinan el precio y, en cambio, no aplican esa misma lógica a los trabajadores. Si los que ofrecen las mercancías fijan, a través de sus costes, los precios en el mercado, los trabajadores, que ofrecen su trabajo, deberían fijar a través de su coste psicológico su salario.”
Los empresarios no determinan el precio a su antojo. Eso lo creen los teóricos del capitalismo monopolista, como Lenin, no Marx. El precio lo determinan las condiciones objetivas de producción y trabajo, es decir la explotación y la competencia entre capitalistas rivales que tienen que luchar por su supervivencia y por su enriquecimiento por medio de la misma arma fundamental siempre: la acumulación, que es lo que les permite a algunos reunir (o no) las condiciones técnicas precisas para producir más barato que los demás. Por tanto, tampoco los trabajadores fijan su salario, sino wue éstos se determinan por esas mismas condiciones objetivas e impersonales.
38) “¿qué es la productividad marginal sino el valor de los bienes adicionales producidos que se destinarán a la venta? ¿Y cuál será, pues, para el empresario el valor de esos bienes sino el precio al que se puedan vender? Por tanto, la productividad marginal será el ingreso adicional que proporcionarán los trabajadores al empresario.”
A la producción de riqueza (no confundir con el valor) contribuyen todos los factores unidos (unidos por cierto en un proceso de trabajo organizado). Por tanto, la productividad marginal (en valores de uso) de cierta cantidad de trabajo, junto a cierta cantidad de “carboximetilalmidón de sodio”, de “silicato alumínico magnésico” y de los demás componentes que entran en la pastilla, es precisamente la pastilla. Por tanto, no puede sorprender que el valor de la pastilla sea el valor de la pastilla. Cuál sea éste, los austriacos no lo explican ni pueden ni podrán hacerlo nunca.
39) “Böhm-Bawerk solía poner un ejemplo bastante ilustrativo. Imaginemos una locomotora que tiene cuatro vagones. ¿Por qué se mueven los vagones? Porque la locomotora se mueve. Ahora bien, muchos podrían decir, ¿por qué se mueve el cuarto vagón? Aparentemente porque se mueve el tercero; es decir, estarían explicando los precios (cuarto vagón) en función de los costes (primer, segundo y tercer vagón) y no de la utilidad (locomotora). No obstante, el problema sigue en pie. ¿Por qué se mueve el tercer vagón? Porque se mueve el segundo. ¿Y por qué se mueve el segundo? Porque se mueve el primer. Pero, ¿por qué se mueve el primero? Aquí los defensores de la teoría del precio-coste no tienen respuesta; la locomotora mueve el primer vagón que a su vez mueve a los restantes. La utilidad es el determinante último de los precios.”
Habrá que rebautizar a la teoría utilitarista del valor como teoría “ferrocarrilera”. El tren se mueve porque los trabajadores lo hacen moverse, y lo hacen con la ayuda de medios de producción que también construyeron y pusieron y ponen en movimiento otros trabajadores. Teoría laboral pura.
40) “la observación de que el precio suele coincidir con la suma de los costes tiene una explicación muy sencilla. Ya hemos visto cómo se fija el precio de los factores productivos. Imaginemos que, por distintos motivos (por ejemplo, una mejora tecnológica) el precio final de un producto es muy superior a la suma de sus costes. Si ello es así, aparecerán beneficios extraordinarios. En otras palabras, o bien el propio empresario o bien otros empresarios, tendrán incentivos para ampliar la producción de esos productos, rebajar el precio y disminuir los beneficios extraordinarios. Al final, pues, cuando el valor del producto final supera a la utilidad de los factores productivos, o bien parte de esos factores productivos se retiran a otras líneas productivas (con lo cual se incrementa la productividad de los restantes) o bien se incrementa el número de productos finales (con lo cual el precio del bien se reduce).”
Sustituyendo su expresión “supera a la utilidad de los factores productivos” por la correcta “supera el valor de los factores productivos”, casi llega a explicar la cosa. Precisamente Marx explicó que el capital invertido en los medios de producción es constante, porque ese valor reaparece en el output sin crecer; pero el valor invertido en salarios en variable, porque el valor que crea el trabajo directo es superior al valor que cuesta reproducir a los portadores de esa capacidad de trabajo directo. Cuando los utilitaristas terminan hablando de los costes y la oferta, se vuelven más realistas y no tienen más remedio que reconocer a su pesar la teoría laboral. Lo que ocurre es que se empeñan en seguir usando su especial terminología.
41) “Como ya hemos explicado, son los empresarios quienes crean los precios de los bienes de consumo y las rentas de los factores productivos”
Entonces, ¿por qué seguir llamando a vuestra teoría Teoría de la utilidad marginal del consumidor y no Teoría de la utilidad marginal del capitalista?
42) “debo coincidir con Guerrero que la economía neoclásica descansa en mediciones corruptas que le impiden contemplar que la parte más importante del capitalismo no es el "consumo" sino toda la estructura de bienes de capital que tiene que ser continuamente amortizada y rediseñada a través del cálculo y la función empresarial.”
Coño. Creía que era imposible que coincidiéramos en algo. Algo debe de estar mal.
43) “Pensémoslo un momento. El aluminio se extrae de la mina para, en última instancia, venderse en forma de automóvil. En teoría, hasta que no se vendiera el automóvil, los mineros no deberían poder cobrar, ya que el automóvil todavía no se ha "realizado" (vendido). Los distintos salarios que perciben antes de que su trabajo sea "útil" para el consumidor suponen un "adelanto" del empresario, un préstamo de dinero”
Pero si el coche lo compra una autoescuela donde estudia un fontanero que necesita sacarse el carnet para poder trabajar en una empresa de fontanería, los mineros no deberían cobrar hasta que el fontanero se apruebe el examen, o incluso hasta que la caldera que repare el fontanero funcione correctamente, o incluso, en caso de que la reparación vaya destinada a un hotel, no deberían cobrar hasta que el cliente del hotel, que podría ser Rallo, tome un baño calentito suficientemente a gusto. ¡Todo sea por la integración vertical! Y qué buenos son los capitalistas, por cierto, que adelantan dinero gratis a los trabajadores.
44) “En cualquier caso, pues, vemos que el appreisement empresarial, al basarse en la correcta anticipación de la utilidad marginal de los consumidores, sigue controlando el proceso de mercado.”
O sea, que los capitalistas conocen la utilidad que experimentan los consumidores, saben a quién le gustan las cañas, a quién las cocacolas…, y cuánto más una cosa que otra… Delirios.
45) “Es indistinto que compras se realizan por placer y cuáles por necesidad para sobrevivir. ¿Es que caso la supervivencia no es también útil para el ser humano? ¿Es qué la supervivencia no es, de hecho, el primer fin de todo ser humano no suicida?”
Vale. Supongamos que todo el mundo hace cosas útiles en el mercado, hasta los inútiles. Entonces cualquier comportamiento de los consumidores es compatible con los precios existentes, mientras no cambien las condiciones de trabajo. Por tanto no hay manera de comprobar científicamente la teoría que propone Rallo porque cualquier posibilidad real es compatible con la hipótesis. Todo ello es señal de que las experiencias valorativas subjetivas no inciden en los precios. Como mucho pueden pretender explicar, junto a la oferta, cuánto desean comprar los consumidores a los precios determinados por las cantidades de trabajo. Pero no dichos precios, que es de lo que se trata aquí.
46) “incluso aunque los consumidores fueran autómatas de los capitalistas, el precio se determinaría por la utilidad marginal de los capitalistas”
Coño. Procedamos a rebautizar de nuevo la teoría. Propongo “Teoría del valor basada en la utilidad marginal del consumidor, el capitalista y las locomotoras” (por aquello de dejar de lado el carboximetilalmidón de sodio y el silicato alumínico magnésico).
47) “La utilidad marginal, para desgracia de todos los marxistas, sigue siendo la principal explicación para la formación de los precios. No hay vuelta de hoja; sólo ciertos prejuicios arrogantes impiden reconocerlo.”
Punto final y conclusión/resumen por mi parte:
En esta versión de la utilidad marginal, se llama “utilidad marginal” (también podrían llamarlo deseo marginal, amor marginal o cualquier otra pijotada) del vendedor al precio de producción del capitalista (o sea, la suma del coste y la ganancia media), lo cual es precisamente lo que dice la teoría laboral. Y se llama utilidad marginal del consumidor a algo que puede variar entre ese nivel objetivo e infinito, ya que la valoración subjetiva no tiene límites. Como lo que cuenta es el último que compra (o sea, aquél para quien su supuesta “utilidad” coincide con el precio), a la postre afirman estos autores que el precio, formado según ellos por la utilidad de las dos partes del mercado, es el que ya decía que era la teoría laboral del valor. Para esta conclusión no hacía falta gastar tanta tinta.
Diego Guerrero