Tratamos de hacer extrapolazaciones de Francia a España, pensando que los episodios de violencia e insubordinación en los suburbios puedan extenderse al estado español. Pero a la hora de defender una u otra postura, nos olvidamos de la importante diferenciación en las administraciones públicas:
El modelo francés es de un marcado carácter centralista en el que las regiones, departamentos, arrondisement, cantones y comunas no tienen grandes competencias (su ámbito se limita al control de unos pocos servicios sociales), y los Prefectos (delegados del gobierno es el equivalente en España), designados por el gobierno central (Al mando del Primer Ministro Dominique de Vilepin), tienen el poder casi total sobre las políticas a tomar. Esto hace que estalle un conflicto administrativo de competencias entre los Maires (alcaldes) y los Prefectos. Los alcaldes conocen mejor el terreno local, pero no tienen suficientes medios, financiación ni competencias para actuar sobre los focos de rebeldía, y esto lleva a que no se pueda controlar el conflicto, ya que la situación en cada barrio o ciudad francesa es diferente. Los alcaldes abogan por medidas sociales y de revisión y aumento de los planes de integración, mientras que los Prefectos (cuya cabeza son las políticas del Ministro del Interior Sarkozy), se inclinan más por la línea dura (expulsión de inmigrantes, toque de queda etc).
En resumen, observamos como un proceso de insubordinación en barrios desfavorecidos, se convierte en un proceso de conflicto de administraciones que podría llevar incluso a la revisión de la Constitución de la V Republica, para modificar las competencias de las distintas unidades administrativas, y creo que esto debería llevarnos a pensar que una de las claves por las que España podría salvarse de la extensión, es la profunda descentralización política y administrativa de nuestras instituciones. Por ello, aquellos que defienden el centralismo y tienen miedo de que España se convierta en un estado federal, quizás deberían replantearse sus postulados.
Miguel Candelas