Introducción.
En primer lugar debemos de reflexionar sobre el término revolución. Los modelos de las dos revoluciones clásicas, la francesa de 1789 y la rusa de 1917, sólo pueden explicar parcialmente las transformaciones revolucionarias. Existe por tanto una gran polémica referente a cuales son las capas y grupos sociales que actualmente pueden constituir algo así como un sujeto revolucionario.
Comenzaremos por analizar el sentido que recibe actualmente la palabra revolución, que se refiere a un cambio violento. En la vida política las revoluciones se presentan como obra de un grupo de conspiradores que la planean, la preparan y la realizan. Los hombres hacen la historia, por tanto los revolucionarios hacen la revolución, pero para ello utilizan hombres, armas e ideologías. Todo se solucionará una vez que los dominados hayan sido vencidos. Si el asunto ha sido un éxito, los historiadores futuros lo llamarán revolución.
El teorema de la posibilidad de hacer revoluciones, base de esta interpretación, está vinculada por su génesis a las experiencias de la Revolución francesa. Por ejemplo Edmund Burke atribuyó los acontecimientos de la Revolución Francesa a un grupo de alborotadores y seductores del pueblo: filósofos, los especuladores de bolsa y los ideólogos.
La cuestión central de la organización de las revoluciones es “resuelta” de forma incompleta por medio de una simple personificación del proceso revolucionario. En 1789 queda patente la estructura de necesidades de las amplias masas y su miseria social. Esto queda reflejado en el principio de la contraposición de libertad e igualdad, antagonismo que después de 1794 estalla en el seno del tercer Estado. Tras la Revolución Francesa existen dos fuerzas revolucionarias: las necesidades de las amplias masas populares y sus defensores, los revolucionarios; su interrelación ha dado lugar hasta nuestros días a controversias decisivas.
Se habla por un lado de revolución industrial, que caracteriza procesos muy heterogéneos. Comprende todas las transformaciones de la vida económica e industrial desde el comienzo de la época del maquinismo. En la prensa y en el lenguaje cotidiano, y también en la literatura científica, revolución industrial suele significar la irrupción del proceso de la industrialización. También se suele hablar de revolución científico-técnica, de una revolución de las concepciones morales…
Pero hubo un tiempo en el que el concepto de revolución aún no estaba ligado a la historia constitucional europea, significaba lo que se podía denominar metepsicosis: revolutio (volver a girar).
Hay que tener en cuenta el concepto de revolución en cierto modo físico-político. Los acontecimientos políticos se conciben como dependientes de los físicos, están dentro de un campo de fuerza naturales del que no pueden huir. Así Galileo cree que las revoluciones de la tierra son la causa de los accidentes y azares de la vida humana.
La raíz del sentido político del término revolución se encuentra en Italia, donde en el siglo XIV se decía rivoluzione y rivoltura . El término revolución se usa con sentido con un sentido marcadamente neutral, más allá del bien y el mal, para referirse a procesos de carácter fatal.
En 1688 tiene lugar en Inglaterra la “Revolución Gloriosa”, se trata de una revolución sin revolucionarios, puesto que la nobleza inglesa había actuado de forma legal; había llamado a Guillermo III y le había vitoreado, tenía como objetivo el establecimiento de una situación anterior, actitud anti-revolucionaria. Esta revolución no consiste en el espíritu de rebelión contra el poder del estado, que Voltaire detestaba sino en la transformación revolucionaria del mundo espiritual humano. Se le unía la esperanza en la abolición de abusos por parte de los ministros ilustrados y la creencia en el desarrollo armónico de la razón humana. Es equivocado ver en el concepto de Voltaire la idea de que el pueblo debe ser guiado, ya que eso es lo conveniente y no que sea educado, pues no es digno. Por eso el pensamiento ilustrado debe de ir descendiendo gradualmente hacia el pueblo llano. El concepto de Voultaire es el de un reformador-conservador al servicio del absolutismo ilustrado. Destaca como Montesquieu que el gobierno de las masas por tender a la igualdad económica, desembocaría en la abolición de la libertad de los ciudadanos y en el despotismo. Voltaire prefiere un rey popular filantrópico, un rey filósofo, a cualquier tipo de gobierno popular.
Montesquieu representante de la primera generación de ilustrados franceses del siglo XVIII cree que los privilegiados diputados de la nobleza no defienden sólo sus intereses, también el bienestar de toda la nación.
Emmanuel Sieyes, discípulo de Rouseau coincide con Rouseau en que la desigualdad de la propiedad privada adquirida a través del trabajo no solamente no significa un atentado a la libertad, por el contrario es indispensable para la reproducción de la sociedad burguesa. Por ello achaca la exigencia de igualdad económica a la deformación de la consciencia de los súbditos mantenidos en la esclavitud. Cuando se pone en duda el umbral entre la igualdad jurídica exigida y la igualdad de propiedad, el revolucionario burgués Sieyes mantiene la misma posición que Jonh Locke, quien ha utilizado la libertad y propiedad como sinónimos, ya que la propiedad es divergente. La propiedad privada de la nobleza, la pobreza heredada, va contra el bien común. La propiedad burguesa, adquirida por el trabajo, es propiedad productiva, y por tanto el Estado deberá protegerla contra los que la amenacen. Por el contrario la nobleza se interpone entre el pueblo y el gobierno, es innecesaria por ser improductiva. Merece ser separada del poder y ser desposeída de la propiedad particular así como de los derechos políticos activos. Sólo pueden ser portadores de la voluntad de la nación aquellos ciudadanos que son propietarios productivos. El comercio y el transporte, industria y negocios, cambio y ganancia, son las consignas del momento. La libertad verdadera reside en la igualdad de los ciudadanos ante la ley.
Comunismo primitivo: Babeuf.
Babeuf o la revolución parada: Los años posteriores a 1790, constituye una forma primitiva de la teoría comunista de la revolución. En el caso de la Revolución Francesa se originó, con motivo del planteamiento de su contenido social, una polarización de intereses dentro del Tercer Estado que hizo aparecer a la Revolución como algo inacabada. Así Marat dice en 1792: La Revolución se ha vuelto contra el pueblo y se ha convertido en una desgracia para éste…
Tanto revolución como contrarrevolución contienen entre sí el potencial de su contrario. Junto con el afianzamiento del dominio político de la burguesía y el desarrollo de la forma de producción industrial, esta burguesía, esta burguesía creó su propia negación: la clase de los asalariados. Para Babeuf la Revolución Francesa está inacabada. Busca puntos de apoyo para poder realizar sus ideas del nuevo orden cuando menos para poder hacerlas llegar al público. Se trata de un propagandista de la revolución social que según él se trataba de una guerra abierta entre patricios y plebeyos, entre ricos y pobres, se anticipa al concepto de la lucha de clases aún por surgir. La institución de la propiedad privada es para Babeuf el azote de la sociedad. Considera el levantamiento de los pobres contra los ricos una necesidad histórica, un derecho natural.
La revolución social debe servir para la creación de la igualdad real, no simplemente ante la ley, busca un sistema que sea el más apropiado para garantizar la igualdad de todos en los aspectos económicos-sociales. Esto desembocará en un comunismo de distribución de los bienes de consumo. La tierra no pertenece por derecho a nadie, es de todos. En el modelo de “comunidad nacional de bienes” de Babeuf todas las actividades son respetadas y valoradas por igual.
Aunque Babeuf expone las reivindicaciones del proletariado, se trata de reivindicaciones de un pre-proletariado. Sus puntos fuerte: supresión de la contradicción ciudad-campo, abolición de la propiedad privada y del trabajo asalariado. Babeuf, Blanqui y Weitling son los socialistas patéticos cuya teoría revolucionaria no nació de un análisis de los movimientos de clase históricos, sino de la rabia y la indignación causado por la miseria de las masas.
Wetling es la primera voz proletaria de Alemania, Babeuf de Francia; es el primero en expresar las reivindicaciones de igualdad de los ciudadanos. Babeuf aborda los temas fundamentales del “comunismo primitivo”, que representa una lucha permanente de los pobres contra los ricos. La consigna de los comunistas primitivos es: todos los hombres son hermanos, nadie debe dominar a los demás, todos deben participar en el disfrute de los frutos obtenidos por los cultivadores de la tierra. Se trata de un comunismo de distribución y de repartición. Destaca la ruptura consecuente con las ilusiones liberales-ilustradas de un constante progreso en la historia.
Babeuf cree en una conspiración de especuladores y comerciantes que se enriquecen a costa del trabajo físico del sector mayoritario de la población. Su crítica no va contra la esfera productiva, sino contra la esfera privada.
La sublevación fracasada: Blanqui.
En el año 1832 Auguste Blanqui escribe: “no se puede ocultar la lucha a vida o muerte que se ha desatado entre las clases que componen la nación”. La antigua aristocracia francesa estaba arruinada o eliminada por la revolución. Su lugar es ocupado por la burguesía como nueva aristocracia del dinero, mientras que el pueblo está excluido del poder político. Esta división de la nación en dos clases antagónicas comienza a concebir ahora como lucha de clases en el sentido moderno del apalabra, “los trabajadores se conciben como el proletariado, como estrato oprimido y explotado, se organizan como tal y asumen la tradición revolucionaria”. De una “clase en si” pasan a una “clase para sí”.
El elemento utópico que podemos encontrar en Blanqui consiste en que explica la miseria de los trabajadores como una consecuencia de su ignorancia, de donde se deduce que con la eliminación de dicha ignorancia deberá desaparecer necesariamente la causa de la miseria. Marx por el contrario vio una década más tarde esta alineación de los trabajadores a la que pertenece también este cretinismo que Marx esboza en sus Manuscritos de París.
A luz de la crítica marciana, lo que Blanqui un socialista utópico es la transformación de un síntoma de la forma de producción capitalista. Lucha por la supresión de las clases; piensa que bastaría con un golpe de mano del poder estatal para eliminar de esa forma de miseria y la ignorancia. Predica la dictadura de un grupo de conjurados que se autoproclaman la cabeza del proletariado, una dictadura que por el camino de la conquista del poder del Estado debe de allanar el camino para una sociedad de hombres libres e iguales. El verdadero proletariado es la clase en sí, sin auténtica consciencia de su situación de clase. El grupo conspirador deberá realizar la revolución en representación de este proletariado marcado por la ignorancia, para dejar de disfrutar luego al proletariado de las conquistas de la revolución. La supresión de la ignorancia mediante el sentido de una instrucción de los trabajadores y del pueblo.
Blanqui junto con Bakunin es una de las figuras más temerarias del siglo XIX, fundo en 1835 sus primeras asociaciones secretas. El paso de la ilustración a la conspiración revolucionarias de una minoría de edad de las amplias masas del proletariado bajo condiciones de la sociedad de clase burguesa, axioma que posee ya un cierto horizonte. La ignorancia de las masas se manifiesta como ilimitable, la dictadura de una minoría debe hacer de sustituto que sea capaz de establecer aquellas condiciones que hacen posible la emancipación del pueblo y con ello la ignorancia. El romanticismo de ligas secretas no impidió que se infiltraran soplones del gobierno como los más apasionados revolucionarios, ya que pudieron observar los principales proyectos en la fase de su planteamiento, se apropiaron de materiales e informaciones.
La propiedad privada amenazada: Tocqueville y Lorenz von Stein.
Las memorias de Alexis Tocqueville tratan sobre un hombre que vivió los acontecimientos de la victoria burguesa sobre la nobleza durante la revolución de junio de 1830. En esta revolución la clase media francesa salió victoriosa atrincherándose bajo el poder. En la revolución de 1848 se levantó un movimiento socialista de las capas asalariadas contra la clase media con el objetivo de sustituir a esa clase en el poder político. La iniciativa del cuarto estado decreció en el mismo instante en que la clase media se rindió`´. Incluso Tocqueville, estaba decepcionado por el letargo de los vencedores de la revolución de febrero. Se dio cuenta, en contraposición al rey Philipe, de que Francia caminaba consciente de sí mismo y de su aparato de gobierno en perfecto funcionamiento.
Tocuqeville atacaba a sus contemporáneos, atacaba la indiferencia y el egoísmo, y los acusaba de indignos de la posesión del poder.
La corrupción general de la que habla aquí y que caracteriza como la auténtica causa de las nuevas revoluciones, no consistía ante todo en el simple egoísmo y la indiferencia , considera que los derechos de propiedad de la clase burguesa dominante están desprotegidos e indefensos ante los ataques del creciente cuarto estado.
Lo que destaca Tocqueville es la comprensión de las contradicciones de clase aparecidas abiertamente entre la riqueza y la pobreza. Es la transición de la revolución política a la revolución social de la sociedad burguesa. Esto significa, la superación de la subversión política de los conspiradores blanquistas por el levantamiento de las propias masas asalariadas.
El derecho a la propiedad será absorbido por el remolino de las luchas de clase que ahora ya no son principalmente revoluciones políticas, sino sociales. La meta de estas revoluciones no consiste en la institución de una determinada constitución, sino que pretende crear una sociedad de libres e iguales.
Sin embargo la exageración de Tocqueville consistió en la marcha misma del desarrollo social, y sus pronósticos se basaban en el conflicto de clases.
Por su parte Lorenz von Stein se revela como un discípulo ortodoxo de Hegel. Critica la presunción que se expresa en la situación de glorificación de situaciones sociales pasadas. Se elogia un mundo cuya base ha desaparecido. Stein previene contra especulaciones sentimentales y abstractas contra el comunismo. Su estudio sobre el socialismo francés, tendríamos que recordar que hasta muy entrado nuestro siglo la cuestión social constituía para el periodismo político corriente un tema que caía en el ámbito de la caridad. Las relaciones histórico-inmanentes de las luchas de emancipación proletarias fueron expuestas a mediados de siglo solo por Stein. Fue el primero de informar de los hechos ocurridos en Alemania. Analiza el comunismo como una característica europea de la época y estudiaba lucha de clases en la sociedad burguesa de su tiempo como las vio ejemplificadas en la Francia de su época. Es el crecimiento progresivo de un cuarto estamento social, de una clase proletaria de los desposeídos. El conservadurismo de Stein se basa en la opinión de que es mejor ir en busca de las verdaderas causas de la revolución. Acepta la existencia del proletariado francés y revela así el antagonismo de la sociedad burguesa. Reconoció y formuló, la contradicción entre capital y trabajo en la sociedad burguesa además de señalar la dependencia del proletariado respecto de la burguesía.
Coincide con Marx en estos puntos señalados, pero les diferencia que Stein analiza el papel que el proletario puede jugar y que sobre todo debe jugar. El principio fundamental de toda vida social es que la clase dominante aspira a apoderarse del poder apoyada sobre la base de suponer económico.
Un Mesías proletario: Wilhelm Weitling.
En Alemania la forma económica capitalista se desarrolló durante la primera mitad del siglo XIX. El artesano se vio en dificultades por la competencia extranjera, ante todo del capitalismo industrial inglés en expansión y por encima de los talleres que trabajan de manera más racional. La liberación de los campesinos puesta en marcha por la medidas reformistas de Stein y Hardenberg, que permitió la los latifundistas privar legalmente a numerosos campesinos de sus tierras. Los gremios estaban amenazados por la formación de una pequeña minoría de empresarios capitalistas en las ciudades que suministraban materias primas y organizaban la venta del producto acabado.
Las primeras sublevaciones de los trabajadores no tuvieron lugar entre los que producían en industrias familiares sino entre los empleados en empresas de manufactura y con maquinaria. Weitling se le puede llamar como el Blanqui alemán, es el representante más importante del naciente socialismo alemán. La segunda de sus obras (El evangelio del pobre pecador), le comportó la detención durante diez meses en una prisión en suiza y la extradición a Prusia. Desconfía de la estrategia marxista porque temía que después de la consecución de la república burguesa en Alemania el proletariado se vería privado del goce de los frutos de la victoria sobre la monarquía. El objetivo de la Liga de los Justos, aceptando la táctica de Babeuf, consiste en intervenir mediante la propaganda y las acciones revolucionarias para realizar por fin la revolución social. Weitling ve la causa de todos los males en la propiedad privada y en el medio se su mantenimiento, el dinero. La revolución es el único medio eficaz para la realización del progreso en la historia. En este punto se distingue de los demás socialistas primitivos: Saint-Simon quiere eliminar la miseria por el dominio de la industria y la ciencia. Fourier espera la llegada de un proceso que realice sus planes. Owen lo intenta mediante empresas modelo dentro de un ambiente capitalista. Proudhon sueña con conseguir la felicidad de la humanidad por medio de una banca nacional con créditos libres de pago de intereses para los trabajadores…
Weitling espera y entiende una revolución sublevada y armada de los oprimidos, cuyo objetivo principal exija la utilización de medios violentos. Como último recurso del revolucionamiento de las masas, Weiltling aconseja una estrategia de conflicto no muy distinta de la guerrilla. Para éste, el pobre pueblo estará maduro para una acción revolucionaria cuando su desesperación haya alcanzado el punto más alto. Según el medio último y más seguro de agudizar el desorden hasta los últimos límites consiste en el robo organizado. Busca el potencial necesario en el lumpenproletariado urbano.
La teoría revolucionaria de Weitling acaba pues en el bandido generoso que establece una redistribución sangrando a los ricos para ayudar a los pobres. Sueña con que se ponga al frente de los desesperados. No quiere esperar pasivamente su llegada, sino que desea ayudar activamente su llegada revolucionaria. El objetivo de los dominadores y los dominados sea abolida para que se construya una sociedad sobre las bases de igualdad y justicia es lo que une a Weitling con Babeuf y Blanqui.
Dialéctica y revolución: Marx y Engels.
El primer periodo de un movimiento obrero alemán autónomo, que duró desde 1844 hasta 1852. En el socialismo de Marx y Engels (M y E) se distingue de todo socialismo utópico anterior en que ya no proyectaba abstractamente su utopía social, sino que comenzaba a plantearse las condiciones objetivas y las metas o fines de la lucha del proletariado que se desprendían de aquellas. Lo que repugnaba a M y E de la Liga de los Comunistas eran los elementos conspirativos que en ella se daban. En la obra más importante del comunismo y socialismo el Manifiesto comunista de M y E se rechazan claramente las prácticas del comunismo de sentimientos, característico del verdadero socialismo, querían oponerse a todo deseo de conspiración. Por eso exigieron como condición para su ingreso que tuvo lugar en 1847, una reorganización total de la Liga de los Comunistas. Esta debía de estar organizada democráticamente y no de forma blanquista, debía de ser una sociedad puramente propagandista con organizaciones por comunidades, círculos, autoridad central y el congreso. El objetivo de la Liga por tanto era el del derrocamiento de la burguesía, el dominio del proletariado y la abolición de la antigua sociedad burguesa. Para estos visionarios, la revolución significaba una transformación históricamente necesaria de las relaciones de dominación de clase burguesa, basadas en el poder económico.
La posibilidad de una revolución debía deducirse primero teóricamente, elaborar una teoría revolucionaria y crear a la vez una amplia organización de la clase trabajadora. Este punto fue clave en la victoria de M y E sobre los partidarios de Weitling y los Blanquistas.
M y E sólo pudieron elaborar el Manifiesto Comunista a petición del segundo congreso Alemán de l Liga de los Comunistas, después de haber eliminado todas las dudas sobre la nueva teoría de la sociedad. El Manifiesto refleja todavía las huellas de la discusión que tuvo lugar, al tratar el socialismo reaccionario, feudal, pequeño-burgués, y sobre todo utópico-crítico, y del comunismo. La crítica más feroz se refiere al comunismo crítico-utópico que es necesario como necesariamente reaccionario por su contenido. Sus representantes Saint-Simon, Fourier y Owen son considerados por M y E como “inventores de sistemas” (se trata de utopistas que colocan en lugar del movimiento histórico-real y del análisis científico el movimiento de sus propias mentes, la actividad de sus fantasías “en lugar de la organización paulatina del proletariado como clase).
Por ello estos utopístas obstruyen la constitución del proletariado en una clase propia, el camino de “una clase en sí” hacia “una clase para sí”.
M y E resaltan también la esencia productiva y racional de las determinaciones posistivistas de la nueva sociedad suministrada por los socialistas utópicos al igual que plasmó Weitling en sus obras. Emiten un juicio respecto a su pretensión de poder contribuir a crear un nuevo reino y una nueva tierra. Los sueños de un mundo mejor son el movimiento juvenil del socialismo. Tan pronto como el propio proletariado comienza a ser la personificación y la negación concreta de la sociedad burguesa, tales sueños comienzan a convertirse en reaccionarios. Su utopismo se convierte en freno a la lucha de clases, en pre-história. Si reducimos esta crítica del socialismo utópico a una fórmula breve, obtendremos que allí donde comienza la actividad histórica independiente del proletariado, allí acaba la legitimación del utopismo.
En el año 1869 el Manifiesto fue traducido al ruso por Bakunin, y fue años después en santo y seña de la Revolución de Octubre. Lo que M y E reprochan a sus discípulos se reduce en: dogmatismo, idealismo (utopismo) y voluntarismo.
La minoría sustituye la concepción crítica por una concepción dogmática, la concepción materalista por una idealista. En lugar de considerar como fuerza motora de la revolución a las condiciones reales, propone la simple voluntad.
Acentúan M y E su crítica contra la moralización, ya que “el razonar hegeliano: contra la imposibilidad de unir voluntad pura e ingenua con su propio concepto, contra el oponerse por encima de las bajezas del movimiento histórico-real. Ven en este método del pensamiento utópico la razón de la esterilidad de todas las utopías desde Tomas Moro, todas ellas anticipan el mejor de los mundos y abandonan al mismo tiempo el mundo real a la alienación. Los utopistas creen en el poder de los ejemplos y se aferran a la personificación de acontecimientos históricos sin poder comprender totalmente que toda actuación humana está condicionada por las circunstancias creadas por el mismo hombre. En el caso de Weitling, se trata de comunistas críticos, expresan únicamente una tendencia histórica sin poder comprenderla realmente. La “chapucería revolucionaria” de la que hablan M y E tiene su origen en una elaboración deficiente de las leyes históricas del movimiento del capital. Pues las revoluciones precisan de un “elemento pasivo”, es decir la estructura concreta de las necesidades de las masas (de los obreros asalariados del sector industrial) y esta masa debe de inclinarse hacia la teoría revolucionaria. Pero para que una revolución tenga éxito debe de revestir un carácter internacional, porque el capital y su concentración así como el proletariado y sus intereses vitales existen dentro de unas relaciones internacionales.
Existen para M y E cinco características para que se produzca una revolución:
1. Las revoluciones son solamente posibles cuando existe un sujeto, un portador histórico cuyas necesidades tengan que articularse hasta tal punto que la teoría revolucionaria aparezca como la expresión adecuada de estos intereses colectivos.
2. las revoluciones sociales deben de tener carácter internacional.
3. en alianza con todas las capas de la sociedad se debe de conseguir conquistar el Estado, pues sólo así serán creadas las condiciones para acabar con la concentración del capital y la pauperización del proletariado.
4. Las revoluciones son pensables como consecuencia de una crisis económica universal en la que la estructura antagónica de la sociedad de clases aparezca para cualquier persona, en la que ambas clases se ven cara a cara.
5. Las revoluciones presuponen un grado comparativamente alto de desarrollo industrial, porque sólo así se pone de manifiesto la inevitabilidad del conflicto revolucionario y únicamente de ese modo se puede garantizar que el proletariado se subleve de forma disciplinada y suprimida, por consiguiente a la sociedad en su conjunto.
Rebelión contra el Estado: Bakunin
Bakunin se convirtió en el enemigo de Marx en la1º internacional. El papel que Bakunin desempeñó hasta su expulsión de la Internacional en el Congreso de la Hay es controvertido. Se le considera como uno de los más violentos enemigos del movimiento revolucionario de la clase trabajadora, delator y espía y encontró sin embargo nuevos administradores y adeptos en relación con la búsqueda de los orígenes espirituales del movimiento estudiantil antiautoritario. Nació en 1814, cuatro años antes que Marx, procedente de familia de la nobleza administrativa y estaba destinado a la carrera militar. De joven entró en contacto con la filosofía romántica, principalmente la de Fichte, Proudhon y Hegel, quien ejerció una gran influencia sobre él. Bakunin es el representante por excelencia del anarquismo. Pretende la consecución no de la igualdad, sino de la realización de la libertad, de la autonomía e independencia del individuo que rechaza toda coacción estatal. En esto se asemeja a Max Stirner. El anarquismo de Bakunin es la doctrina de la libertad proclamada por la filosofía idealista de Fichte, convertida en religión. El principio de libertad se convierte en Bakunin, en el principio de la revolución que queda reflejado en su concepción de la historia como un desarrollo libre, pero con ello necesario al espíritu libre. Bakunin no considera el movimiento democrático en Alemania simple oposición a los gobernantes, no como una transformación especial constitucional o político-económica, sino de acuerdo con su religión anarquista libertaria. En este sentido no sólo la aspiración revolucionaria a la libertad, sino la propia democracia es una nueva religión. Sólo cuando el movimiento democrático se convirtiera en religión de la libertad, será capaz de vencer a la antigua situación del mundo en el sentido de una transformación total de la vida.
El problema de Bakunin consiste en cómo se puede realizar la sociedad democrática a partir el partido democrático, la idea de la totalidad a partir de la negación de lo positivamente existente: “idea de la totalidad” entendida como libertad realizada, de la que también debe nacer la igualdad como elemento necesario de la existencia democrática. El partido democrático es para Bakunin la negación abstracta de lo positivo malo.
El motivo esencial de la teoría anarquista consiste en la negación de la negación de lo existente, como revelación: el aniquilamiento total del estado del universo antiguo, que debe sucumbir. El principio universal de la libertad incondicionada es el principio de la filosofía idealista y anarquista como el de la revolución según la concepción bakuniana. Sólo se puede afirmar que la democracia como partido tiende al partido de la reacción como su condición y no como su opuesto; solamente así puede considerar a la revolución como la aniquilación y destrucción definitiva de ambas posiciones.
El partido liberal en cambio es para Bakunin el más poderoso. En alianza con las monarquías constitucionales, se preocupa de que no entren en juego los reaccionarios, ni los revolucionarios. Bakunin es decisionista, se preocupa por la virtud de la capacidad de su decisión final, nos encontramos pues ante dialéctica hegeliana.
La diferencia esencial entre Bakunin y el marxismo consiste en que para Bakunin la revolución se concibe como identidad de teoría y praxis como “acto originario del espíritu práctico autónomo” mientras que Marx y el Marxismo la comprenden como el movimiento revolucionario del proletariado, es decir, como concentración de la negación de la sociedad de clases capitalista. Para Bakunin lo verdadero no es la totalidad, sino la contraposición. La revolución es el principio de la contraposición, la abolición final de toda Positividad en la historia por medio de su negación.
La contraposición es la verdad, es una totalidad en sí existente y oculta, y su existencia es la separación de sus dos miembros lo positivo y lo negativo.
Lo positivo y lo negativo no tienen el mismo rango, la contraposición no es equilibrio, sino preponderancia de lo negativo, que es el elemento transcendental del mismo, lo negativo como vida determinante de lo positivo, encierra en sí mismo la totalidad de lo opuesto. La teoría de la revolución Bakuniana es la filosofía de la acción convertida en política.
A diferencia de Marx, Bakunin no parte del proletariado sino del “estado de ánimo” holderliniano de los jóvenes intelectuales en el periodo de 1830 a 1848. Intenta liberarse de la prisión a la que el Estado filisteo y policial alemán le tiene sometido. La historia de la revolución del siglo XX es en gran parte la historia del conflicto entre Marx y Bakunin. El objetivo consiste en elevar a los súbditos por medio de la revolución a la categoría de de hombres. El tema central es el de la fórmulación de la ley del derrumbamiento del sistema de producción capitalista para acelerar la marcha de este proceso natural. Bakunin representa el estado de ánimo reinante entre 1830 y 1845; Marx, el economista político ha incorporado las vivencias de este periodo, superándolas en el sentido de la negación y la herencia para transformarlas en la nueva forma de la crítica de la economía capitalista. Bakunin simpatiza con el proletariado, es un amigo del pueblo; Marx es el teórico que sale al encuentro de la realización de la teoría a partir de la historia. No es un amigo sentimental del proletariado, es su guía. Lo que Engels reprocha a Bakunin es su impaciencia revolucionaria, el error de querer dar el último paso sin haber dado el primero, es decir, pasar al accionismo sin realizar antes un ejercicio de meditación, estudio y establecimiento de una teoría revolucionaria.
La I Internacional se fundó por iniciativa de los sindicatos ingleses el 28 de Septiembre de 1864. Era algo totalmente distinto a lo que hoy conocemos por un partido político, era una asociación informal de tendencias muy diversas del movimiento obrero europeo. A parte del grupo en torno a Marx, que llevaba la luz cantante en el Consejo General, pertenecían a ella partidarios de Proudhon y Bakunin, sindicalistas ingleses que en aquel tiempo apoyaban a la burguesía liberal de su país, así como a los emigrantes de la Rusia zarista simpatizantes del movimiento democrático. Las asociaciones locales de cada uno de los países formaban las secciones de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT).
En contraposición a la Liga de los Comunistas, la Internacional era una organización totalmente abierta, que condenaba toda alianza secreta y toda contraposición. Un principio inamovible para el Consejo General era que “la construcción de partidos políticos obreros es imprescindible para la conquista del poder”. Los comunistas se distinguen de los demás partidos políticos en: que destacan y reivindican siempre los intereses comunes y peculiares de todo el proletariado, independientemente de su nacionalidad y en cualquiera que sea la etapa histórica en que se mueva la lucha entre el proletariado y la burguesía. Así pues los comunistas deben de aventajar a los demás partidos proletarios: en el internacionalismo y en la representación de los intereses del movimiento global. Los comunistas son la parte más decidida, llevan la ventaja a las grandes masas del proletariado su clara visión de las condiciones, los derroteros y los resultados generales a que ha de abocar el movimiento proletario.
La historia de la Internacional fue una lucha permanente del Consejo General contra las sectas y los intentos de aficionados que intentaban afirmarse contra las sectas y los intentos de aficionados que intentaban afirmarse en contra del verdadero movimiento de la clase trabajadora dentro de la propia Internacional. A finales de 1868 entró en la Internacional el ruso Bakunin representante del anarquismo.
Los anarquismos declaraban que la revolución proletaria debe empezar con la supresión de la organización que el proletariado encuentra acabada después de su victoria, es el Estado. Este Estado deberá ser sometido a grandes transformaciones antes de poder cumplir sus nuevas funciones. En cuanto a su sospecha de que no se trataba en primer lugar de la eliminación del Estado, sino de su utilización como instrumento de poder para la derrota de la clase vencida. Para M y E la revolución no eliminaría la autoridad política, por el contrario la fortalecería para poder acometer después el proceso de transformación social. La supresión del Estado de la que hablaban , era el objetivo final de toda cuestión y no el comienzo, como quería Bakunin y sus partidarios, considerando al Estado como el mal fundamental de toda sociedad, tuvo que ser rechazada por M y E por ilusoria. Bakunin afirma que el estado ha creado al capital, el capitalista ha recibido su capital por la gracia del estado. Puesto que el Estado es el mal principal, debe eliminarse ante todo al estado y como consecuencia el capital se eliminará. Por el contrario M y E dicen, que al eliminarse el capital, la apropiación de todos los medios de producción en unas pocas manos y el Estado caerá por sí mismo. La eliminación del capital es precisamente la revolución social e incluye en sí misma la transformación de la sociedad del modo de producción.
La diferencia principal del marxismo respecto del anarquismo es que puede atribuirse a la diferente relación de fin y medios. Tanto anarquistas como marxistas tienden, a la supresión de la autoridad política del Estado. ¿Por qué caminos debe y puede orientarse la sustitución de las funciones públicas del Estado por actos simplemente administrativos? Para Bakunin, la marcha de las cosas se representa más o menos así: los trabajadores del campo y de la ciudad esperan una acción colectiva orientada a la eliminación del Estado y de la Iglesia; algo así como una huelga de masas, que sustituyera la administración estatal centralista por la autogestión de los municipios según los principios organizativos consejitas, debe de constituirse desde abajo hacia arriba. A la propia acción revolucionaria va unida la idea de la creación inmediata de una situación de absoluta ausencia de dominación, en la que prevalezca el principio de autonomía en lugar de autoridad. Bakunin no lucha contra este o aquel estado, sino contra el principio de la estatalidad en cuanto a tal. Por tanto Bakunin es anti-capitalista y anti-estatista.
Marx debió ver en las ideas sobre la revolución de Bakunin una encarnación de aquel nivel de superación de la práctica. Exigir la supresión de todos los estados en una Federación Universal y la hermandad del os pueblos.
En relación a los protagonistas Bakunin mantiene que los trabajadores ingleses y alemanes están aburguesados como para que realicen la revolución. Veía en las masas eslavas y en los campesinos rusos un gran potencial revolucionario. Mientras Marx se había convencido de que la revolución sólo podía realizarse en las sociedades industriales y por el proletariado industrial con consciencia de clase, Bakunin ve posibilidades de revolución en los países no industrializados.
Por otro lado los revolucionarios no deben instruir al pueblo, sino dirigirlo a la sublemación; este es el principio de la teoría bakuniana. La esperanza de Bakunin respecto de la fuerza creadora de la violencia revolucionaria y las acciones golpistas derivadas de ella eran para Marx idealismo puro. Bakunin era un peligro para el Consejo General de la Internacional, sus preferencias por asociaciones secretas de organización informal frente al partido político de masas, su glorificación del dirigente de la rebelión y del bandolero y su instinto anti-teórico contra la teoría de Marx.
Para M y E tales cuestiones no eran cuestiones de la pureza de los principios revolucionarios, sino únicamente cuestiones de tácticas y de operatividad los comunistas deberían apoyar en cada país a aquellos movimientos que tendieran a una revolución política y preparar con ello el terreno a partir del cual podría iniciarse propiamente la revolución socialista. Los comunistas deberían aliarse en Francia con los partidos social-demócratas y en Polonia con el partido Nacional. En todas partes los comunistas democráticos los comunistas deberían colaborar en la coordinación y entendimiento de los partidos democráticos, en lo que hoy se denominaría “política de frente popular”.
Igual que Weitling y sus partidarios no podían comprender que se precisaban otras condiciones para una sublevación política que la voluntad revolucionaria de los revolucionarios Bakunin no estaba dispuesto ni era capaz de seguir la línea táctica de la política marxista. Los Bakunistas afirmaban que no estaban dispuestos ni eran capaces de seguir la línea táctica de la política marxista.
En lugar de explicar por medio de las diversas formaciones históricas de la propiedad sus diferentes niveles de desarrollo, Proudhon recoge en forma abstracta una de las derivaciones de la propiedad: el robo y la convierte en la causa principal. En los análisis económicos, Marx deja de lado sus sentimientos personales para no cortarse el camino que sólo puede pasar a través de una crítica de las formas de propiedad que han existido históricamente. Sólo entiende por propiedad la ganancia conseguida sin trabajo (usura, interés, alquiler, arrendamiento, ganancia comercial…). La eliminación de la propiedad debe llevarse a cabo mediante medios que se dirigen contra las consecuencias y no contra las causas de la propiedad misma. Necesita echar mano de una ficción para explicar el desarrollo, se imagina que la división del trabajo, el crédito, las máquinas… todo ello se ha descubierto para servir a su idea fija de la igualdad. Su explicación es de una ingenuidad divertida, parte de un supuesto inventado.
En contraposición a Proudhon, para Marx la idea de igualdad existe solamente en la mente de los hombres. Proudhon pregunta ¿cómo a partir de la idea de igualdad se origina la desigualdad real? Marx pregunta en cambio por las condiciones objetivas de las formaciones concretas de desigualdad en la sociedad. Para Proudhon los principios que fundamentan la realidad dejan en la práctica mucho que desear; por eso afirma el principio de la propiedad y solamente quiere suprimir las rentas cuya procedencia no sea el trabajo.
Antonio Polo