sábado, 04 de noviembre de 2006
Los designios del pueblo catalán se han plasmado en la esperada cita electoral acontecida en el día de Todos los Santos. Dicha jornada constituye el final de un camino inestable y accidentado, lleno de altercados y momentos críticos, para algunos tal vez positivos, para otros quizás negativos, que se inició con la llegada a la Presidencia de la Generalitat del socialista Pasqual Maragall, pero que no era sino la recta definitiva de un declive lógico institucional trás más de dos décadas de gobierno autonómico, cuya uniformidad hegemónica y exclusiva por parte de Convergencia i Unió ha provocado un final de ciclo a través de un cambio radical en la política con la llegada al poder en diciembre de 2003 de un tripartito de izquierdas, completamente antagónico a la linea convergente, cuya piedra angular en su acción pública ha sido la redacción del nuevo y recién aprobado texto estatutario. Pero las divergencias entre los socios de la coalición, las ansias por llevar a cabo un proyecto de gran impacto mediático, el abandono de las políticas sociales de cambio que requería la ciudadanía catalana al dejar en un segundo plano las reformas que iban destinadas a la mejora del nivel de vida y del estado de bienestar de las clases humildes, la exclusividad del debate identitario en el discurso oficial, las continuas zancadillas de la oposición convergente-popular, así como el considerable descaifeinado impuesto por Zapatero al estatuto aprobado en Cataluña por el 88% de los diputados autonómicos, buscando unicamente un cambio de timón a contracorriente en las alianzas socialistas al amparo de CiU y en detrimento de ERC, aún habiéndose comprometido cuando ejercía la oposición nacional a aprobar el texto íntegro que llegase del Parlament. Estas, entre otras muchas circunstancias, han provocado que las instituciones catalanas tocaran fondo definitivamente, provocando que la mitad de la ciudadanía haya dado la espalda a sus instituciones en estos comicios, con la alarmante abstención de casi un 45% de los electores, y que la otra mitad, aunque fiel al derecho del sufragio, penalizara en mayor o menor medida a las formaciones políticas, tanto gubernamenatales como opositoras, por considerar que se han centrado esclusivamente en un debate identitario con la eterna disyuntiva españolista-catalanista, pero sin canalizar y responder a las demandas, necesidades y aspiraciones de la sociedad catalana. La constatacioón matemática es que tanto CiU, como PSC, ERC y PP, han perdido votantes independientemente de su traducción en un mayor o menor número de escaños, y en cambio, Iniciativa per Catalunya Verds (ICV) y la debutante y novedosa plataforma Ciutadans per Catalunya (C´s) han logrado aumentar y consolidar sus posiciones, debido a su apuesta por las políticas públicas de caracter social, al poner un mayor énfasis en la prioridad de las necesidades inmediatas de los catalanes.

Tras unos comicios electorales, al igual que tras la firma de un armisticio, la fusión entre dos entes económicos o la negociación en un comité de empresa entre patronal y sindicatos, todos los contendientes tratan de sacar pecho y mostrarse como vencedores, pero a continuación, trataré de analizar cual es la situación inmediata de cada formación con representación parlamentaria, así como sus proyecciones de cara al futuro, lo que nos acercará un poco más para comprender quien gana/pierde, cuanto, y por qué:

- CiU: La formación de Artur Mas ha sido dentro del grupo de las amonestadas la menos penalizada por la ciudadanía, lo que ha provocado, en gran parte debido a la ley electoral del divisor D´Hont, que aunque pseudo-proporcional sigue primando a las mayorías, y a su mayor implantación en las provincias donde cuesta menos sufragios la consecución de un escaño (Girona, Lleida y Tarragona), su mejora respecto a los comicios de 2003 (obtiene 2 diputados más y vuelve a ser la vencedora en votos como antaño), y su consolidación como primera fuerza política de Cataluña. Sin embargo, desde el retiro de Jordi Pujol, la formación catalanista se ha visto envuelta en un aislamiento respecto al resto de formaciones, lo que dada la imposibilidad de lograr una mayoría absoluta, le ha enviado estos tres últimos años, y se preve que la historia prosiga de nuevo, a la cruda oposición. La agresiva competitividad con ERC por el voto nacionalista, con el PSC por el centrista y con el PP por el conservador (polémioco video contra el ejecutivo tripartito), unido a la añadida imposibiliddad de pactar con los populares debido al anti-catalinismo manifiesto de estos últimos, y el peso que aún impera en las cabezas de los catalanes de sus largos y monolíticos 23 años de poder, le hacen quedar practicamente descolgada de cualquier alianza rentable para sus posibles socios (PSC y ERC), lo que perfila a Artur Mas de nuevo hacia la Jefatura de la Oposición, aún habiendo vencido las elecciones por segunda vez.

- PSC: Los Socialistas catalanes son en cambio, los que más se han visto perjudicados electoral y parlamentariamente (pérdida de 5 escaños y consiguiente descalabro electoral) debido si, a ser el principal partido del gobierno, y por lo tanto el que acusa más el desgaste, pero también a la designación de Montilla desde la Moncloa como candidato (cerrando el camino al Presidente saliente Maragall, y lider más valorado en los sondeos de opinión por la sociedad catalana, por decisión prepotente a cargo del Presidente del Gobierno), lo cual ha provocado el consiguiente enfado de los sectores socialistas de tendencias más catalanistas, que han sentido la ingerencia del fantasma de Madrid. Finalmente, la exclusividad del tema estatutario en la acción del gobierno y la presión lingüistica ejercida al unísono junto con ERC, han hecho estallar el desencanto de las clases populares españolistas de origen castellano, andaluz o murciano, hostigadas por la acción del ejecutivo, y han provocado que se inclinen por la novedosa opción de Ciutadans, que entusiasma más que el obsoleto y aislado PP catalán. Mientras, los sectores más izquierdosos decepcionados, se habrían refugiado en el Ecosocialismo de Joan Saura.

- ERC: La negativa final a apoyar el texto estatutario, las continuas idas y venidas desafortunadas de sus dirigentes (entrevista de Carod con ETA en Perpignan, acusación de financiación forzosa e ilegal al secretario de financiación Vendrell, clausura del pacto parlamentario entre Puigcercos y el Presidente del Gobierno español perdiendo la influencia en el gobierno de Madrid, foto con la corona de espinas en Jerusalén, etc) hacían presagiar a la formación independentista y Republicana una caída en picado y la pérdida de su condición de partido visagra en el hemiciclo. Finalmente no ha sucedido ni una cosa de la otra. ERC ha mantenido su importante base electoral del 2003 (el descenso de 23 a 21 escaños es meramente aritmético y no tiene consecuencias políticas) y la práctica igualdad (48-49) en los resultados de CiU y la suma del gobierno en funciones (PSC e ICV) le hacen continuar siendo la pieza clave y fundamental para formar una mayoría de gobierno estable, de tal forma que al igual que acurriera hace tres años, la escuadra de Carod Rovira tendrá en sus manos el nombre del President de la Generalitat. La lógica lleva a pensar que sería una posición más cómoda apostar por la reedición del tripartito, unido a la nada desdeñable adición de aupar al sillón del Palacio de Sant Jaume a un “charnego”, lo que ayudaría a los independentistas a silenciar a ciertas voces que les acusan reiteradamente de etnopopulistas y excluyentes, al posibilitar la Presidencia del primer no catalán de origen.

- PP: La postura antinacionalista, centralista y de boicot sistemático a todo lo que husmeara a senyera por parte de los líderes nacionales del PP (los Acebes, Zaplana y CIA), han puesto las cosas bastante complicadas a la federación popular que dirige Josep Piqué, y sorprendentemente este ha aguantado muy bien el tipo, con la sola pérdida de un diputado, por consiguiente imperceptible. La parte mala para la gaviota popular, es que ha consumado su más absoluta marginalidad en el panorama político catalán, y ello, unido a su posición minoritaria, hace que se desvanezca cualquier sueño de alcanzar cuota de poder alguno en Cataluña, condenándole a la oposición meramente nominal y funcional y con espectativas de perpetuidad.

- ICV: Como anunciaba en el prólogo de este artículo, si alguién ha salido beneficiado, refrendado y apoyado en esta debacle generalizada, ha sido la formación ecosocialista, heredera del histórico PSUC. Su moderación y templanza en las crisis más sonoras y profundas del tripartito, la buena gestión en las dos carteras que ocuparon en el govern (Relaciones Institucionales y Medio Ambiente), el mantenimiento de un programa de fuerte contenido progresista y firma apuesta por el desarrollo ecológico y sostenible, así como el alejamiento y sentido de la distancia hacia las revindicaciones más soberanistas e identitarias de la reforma estatutaria (que fueron a la postre las que provocaron las fisuras y fuertes polémicas entre las izquierdas catalanas), todo ello unido a que se ha presentado a los comicios como la única fuerza política que apuesta firme y decididamente por la reedición del tripartito (si bien es verdad que dicha posición se debe principalmente a que constituye su única fórmula posible para alcanzar cuotas de poder en el ejecutivo), han hecho no sólo que revalide la confianza de su masa electoral, sino que también logre aumentar su número de votos a pesar de la gran abstención, sumando tres valiosos diputados más que los que ostentaba (probablemente provenientees de los sectores escorados más al ala izquierda del PSC y ERC, decepcionados por el abandono de las políticas de progreso de dichas formaciones en beneficio de las de ámbito nacionalista), y consolidando su posición de grupo político indispensable para forjar una mayoría de izquierdas, que no lo olvidemos, sigue siendo mayoritaria en Cataluña.

- C´s: Por último, nos encontramos con la formación más pintoresca, innovadora y alejada de la vieja y experimentada clase política catalana, la cual ha dado la gran sorpresa en estas elecciones, e irrumpe en el espectro político autonómico logrando un 3º de los votos, y su consiguiente entrada en el Parlament. La plataforma, fundada hace apenas unos meses por el director teatral Albert Boadella y un grupo de intelectuales anti-nacionalistas, liderada por el joven y desconocido abogado Albert Rivera, ha logrado canalizar el voto de enfado, de rabia, de impotencia, de protesta y de pérdida de confianza en la partitocracia catalana tras la agitada y polémica legislatura en la que fuera del término estatut, poco margen quedaba para el debate. Sería un error clásico, propio de la izquierda ortodoxo, dogmática y anclada en los tópicos y errores del pasado, el tildar y calificar a estos ciudadanos de conservadores, reaccionarios y autoritarios. Es cierto que han contado con el importante apoyo mediático de medios de información de clara filiación centralista y derechista como la fundación FAES, dirigida por el ex-presidente José Maria Aznar, la cadena COPE de la conferencia episcopal, el diario la Razón o la publicación en internet “Libertad Digital” comandada por el periodista Federico Jimé nez Losantos, y que dicho apoyo no cabe duda de que ha contribuido decisivamente al despliegue mediático de las redes de acción y comunicación de la plataforma política, posiilitando la obtención de esos 3 escaños, pero lo cierto es que se trata de un grupo muy heterogeneo (comprime ideologías de todas las tendencias, cuyo único centro neurálgico y nexo de unión es el miedo a los excesos nacionalistas y el rechazo a la forma de hacer ingeniería política catalana en los últimos años), joven, renovador, creativo y que ha sabido aglutinar los sufragios de ese tanto por ciento de la ciudadanía. Tratar de omitirlo, negar su existencia legitimada y acusarles de los calificativos expuestos anteriormente sería un inmenso y garrafal error por parte de los partidos mayoritarios.

Volviendo al futuro político catalán en enfoque holístico, y analizando las posibilidades de cara a la formación de gobiernos, podríamos citar hasta cinco opciones, tanto política como aritméticamente posibles: Gobierno tripartito (PSC-ERC-ICV), Frente nacionalista (CiU-ERC), la llamada socialvergencia (CiU-PSC), un gobierno en minoría convergente (CiU) con la abstención de los socialistas, y un gobierno en minoría de izquierda ecologista (PSC-ICV) con la abstención de alguno de los dos partidos nacionalistas. Sin embargo, de las cinco candidaturas, considero que solamente dos de ellas (Tripartito y Frente Nacionalista) son viables y factibles teniendo en cuenta el contexto y el sistema parlamentario catalán. Ambos son dos proyectos políticamente lógicos e ideológicamente cohesionados: En un caso encuadrados en un punto común del eje-conflicto izquierda-derecha, y en el otro en uno del centro-periferia. En cambio la socialvergencia es de un altísimo riesgo político y de un más que probable coste electoral debido a las grandes contradicciones entre los dos principales (y opuestos) partidos de Cataluña, y ni uno ni otro están para permitirse pagar tal factura (pan para hoy, hambre para mañana). En cambio, el Presidente Rodriguez Zapatero y el empresariado catalán si que serían beneficiarios directos del mismo, con lo que es probable una fuerte presión por su parte para que socialistas y convergentes lleguen al acuerdo, pero insisto, no se perfila como una opción de garantías. Del mismo modo, los gobiernos en minoría de CiU y PSC-ICV no garantizarían la mínima estabilidad necesaria, y podrían ser tumbados en cualquier moción de censura en el instante en el que la vida parlamentaria se volviese a crispar (si es que no lo está ya). Así pues, nos encontramos ante dos opciones muy claras, cuya llave maestra vuelve a tener ERC. La ambigüedad de la política no permite realizar claros juicios de intenciones, pero no obstante, me inclino hacia la mayor probabilidad del tripartito, encomendándome a dos factores que deberán (o al menos deberían) ser tenidos en cuenta: En primer lugar la mayoría, clara e indiscutible de las izquierdas catalanas, y en segundo lugar, la democráticamente necesaria independencia del PSC respecto del PSOE, el cual debe demostrar a los catalanes que no es un mero maniquí sujeto por los hilos de los delirios de grandeza que comienzan a apoderarse del talante de Zapatero (Trinidad Jimenez y Pasqueal Maragall, los dos políticos socialistas mejor valorados de Madrid y Cataluña han caido por voluntad del Presidente español, en contra de sus propias federaciones regionales), y no creo que esta limitación del federalismo militante sea positiva para la democracia interna de los partidos (crítica ampliable a la mayoría de formaciones políticas, demasiado acomodadas al centralismo democrático, ideado y diseñado por Lenin hace ya casi un siglo). Eso si, de producirse el acuerdo de las izquierdas, el tripartito de este nuevo ciclo político, debe ser fundado sobre unas bases más sólidas, las cuales establezcan un fuerte y decidido compromiso con las aspiraciones progresistas de los electores que la hacen posible.


Así pues, aunque el escrutinio ha terminado, todo queda aún en el aire y por decidir. No podemos saber a ciencia cierta que partido o coalición será encomendado por el órgano donde reside la soberanía popular catalana para encabezar el gobierno que despliegue el nuevo estatut de autonomía, todas las opciones sson posibles y el croquis-paranoia mental de todas los combos en lid, estará en las mentes de la sociedad civil, tanto catalana omo española, durante probablemente varias semanas donde los políticos se harán de rogar (tomando por el pito del sereno a los ciudadanos, no está de mal recordarlo, por cierto) y por consiguiente, reinará la incertidumbre. Y es que, como bien sostiene Dominique Venner, pensador francés, “La historia no es ámbito de la fatalidad, sino de lo impreviosto”. Lo que si está claro y es constatable, es que Cataluña ha finalizado un ciclo político de 26 años este primero de noviembre, y a partir de ahora, se adentra en el inicio de una nueva y apasionante etapa política, cuyo itinerario es aún un misterio.

Miguel Candelas.
Publicado por deciamosayer @ 14:51
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Comentarios
Publicado por Invitado
sábado, 18 de noviembre de 2006 | 2:58
Cataluña es un mundo aparte (comparado con la situación de Madrid-Castilla).
Saludos,
uncastellano http://actualizate.blogspot.com
Publicado por deciamosayer
sábado, 18 de noviembre de 2006 | 19:52
Cataluña y España pertenecen al mismo mundo.

Un español (como tú).